MARCAR LA DIFERENCIA

Diario Río Negro | 01 julio 2012

El Estudio Servente Larrazabal explica cómo proyectaron esta casa de vacaciones en el Peñón de Lolog

La primera instancia en la que un arquitecto desafía los límites propios radica en la presencia ante el espacio. El espacio como sinónimo de vacío, como protagonista de la obra que será creada. A este espacio se le añadirán diferentes valores, los que darán forma al proyecto, y que serán de tipo económicos, sociales, técnicos, funcionales, artísticos, espaciales y decorativos, según las expectativas de cada comitente. En presencia del lote ubicado en el Peñón de Lolog pudimos observar como característica distintiva su interesante pendiente. Es así que proyectamos una vivienda familiar de vacaciones, con la condición de brindar la máxima contemplación de sus entornos, tratando de lograr una mayúscula expresión de sus vistas.Para ello invertimos el programa arquitectónico tradicional. El estar comedor, la cocina y el dormitorio principal fueron ubicados en la planta alta a partir del cual logramos una excelente panorámica. Desde el nivel superior surgen plataformas que crean una superficie plana de uso exterior elevada sobre la pendiente del lote que va recorriendo y vinculando cada espacio interior.En la planta baja se ubicaron hacia un lado dos dormitorios, un baño y el lavadero, y separado por el patio y hall de acceso principal, el garaje. Todos los ambientes de la casa se orientan hacia el noreste, teniendo un excelente asoleamiento y logrando apertura a las mejores vistas del majestuoso paisaje patagónico.La búsqueda formal y expresiva se centró en un fuerte manejo de los volúmenes, los vacíos y el material. La planta alta se destaca como un volúmen claro y contundente que flota y se apoya sobre el volúmen inferior, construido en hormigón armado visto. El volúmen superior se revistió en piedra y posee un expresivo juego de vacíos que se forma a través de los huecos que penetran incorporando exterior e interior, ya sea en los vanos, en los semicubiertos o los decks perimetrales que recorren la casa y el patio de acceso.La piel de piedra que reviste este volumen juega un papel preponderante en la elaboración de esta pieza ya que se colocó de manera continua incluso en las esquinas donde la misma no pierde continuidad en sus aristas.Al trabajar estos dos volúmenes superpuestos logramos el objetivo de que la casa tuviera una lectura horizontal sobre el terreno, generando así una mejor relación con la pendiente del lote. De esta manera, con los decks laterales que vuelan para encontrarse con el terreno sin llegar a tocarse, también logramos vincular la planta alta de carácter social con el parque a través de unos pocos peldaños.Los espacios principales, el estar-comedor y el dormitorio en suite de la planta alta, están cubiertos por un techo con pendiente que se transforma en un lucernario, con la idea de captar el sol de la tarde hasta el interior de la casa. De esta manera los espacios principales son iluminados a lo largo de todo el día por la luz natural del sol. La piedra, el hormigón visto son materiales de muy bajo mantenimiento, ideal para una vivienda que solo será usada en determinados momentos del año. Estos mismos materiales también se usaron en el interior para destacar algunos elementos.La chimenea y la bodega se revistieron en la misma piedra exterior pero en forma de pirca. El techo inclinado que da forma a los lucernarios es una superficie continua de hormigón visto.Para los cielorrasos de los techos inclinados y para algunos detalles interiores como escalones, pasamanos y otros, se usó la guayubira, una madera de gran carácter y personalidad por la variación de sus tonalidades y las vetas.Los muebles diseñados en conjunto con El Catango de San Martín de los Andes se realizaron en peteribí macizo, que tiene un aspecto similar a la guayubira pero es más delicada e indicada para ser utilizada en muebles.